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El síndrome de Willy Wonka

El Mundo, domingo 6 de marzo de 2011
EL ANTÍDOTO
ANDRÉS PÉREZ ORTEGA

Hace poco volví a ver Charlie y la fábrica de chocolate. Es la historia de Willy Wonka, un peculiar empresario que decide invitar a su fábrica a quienes encuentren unos billetes dorados escondidos en cinco tabletas. En el momento en que lo anuncia, se desata la locura por encontrar esos tickets. Hay poderosos que gastan fortunas para encontrar uno de esos billetes y también personas que apenas pueden comprar una tableta.

Esa película es una buena metáfora de lo que ocurre en Internet. Cada persona tiene su motivación para estar en La Red. Sin embargo, creo que en el mundo online se da con frecuencia esta tendencia obsesiva a buscar uno de esos escasos billetes dorados. Hay que consumir, o al menos adquirir, todo el chocolate 2.0 posible para aumentar las posibilidades de entrar en la fábrica del Señor Wonka.

En la película, cuatro de los que consiguen entrar son hijos de personas con suficientes medios como para encontrar los billetes. También en la Red hay un puñado de personas bien situadas a las que se cita en todas partes. Pertenecen a esa élite educativa, profesional o económica que puede permitirse adquirir suficiente «chocolate» para aumentar sus opciones. El resto tiene que conformarse con probar suerte... Y desilusionarse.

Creo que en Internet nos hemos olvidado del placer de tomar el «chocolate». Estamos centrados en encontrar un ticket que nos abra una puerta a no se sabe dónde. La Red se ha convertido en algo parecido al juego de las sillas. Si te descuidas, puedes perder tu sitio. Hay que estar constantemente probando suerte para conseguir esa cifra de followers o ese puesto en un ranking que aumente las opciones de conseguir ese billete dorado. Yo quizás no lo consiga, pero al menos disfrutaré con el chocolate.

Andrés Pérez es consultor en posicionarlliento personal

Proteger o respetar

La cuestión surge en el seminario del miércoles. La plantea Julian. Él tiene dos hijos de trece y de quince y los dos están muy metidos en una red social. Probablemente todos conozcamos la red social, se trata de Tuenti. Tuenti es la red que más ha calado en los adolescentes españoles. Lo que Julian se plantea es que va a entrar en sus cuentas para evitar males mayores. Lo que los demás le respondemos es que los niños tienen derecho a la intimidad.

¿Lo tienen?
A falta de cuatro semanas para acabar el seminario, el debate nos sirve para abrir una discusión, y también para someter nuestra experiencia en las redes a una pequeña prueba. Vamos a opinar sobre el tema y vamos a usarlo como excusa para producir nuestras primeras entradas con contenido. No se trata de copiar y pegar, se trata de opinar y responder.

Y repito la pregunta ¿Tiene los adultos derecho a invadir la intimidad de los menores para protegerlos? la repito, sobre todo, para responder, para abrir fuego.

Mi opinión es que no. El primer pilar de cualquier educación, de cualquier sanción, es la confianza. Cuando se traiciona la confianza se estropea la relación que hay, sea la que sea. Por eso no podemos dirigirnos a un menor amparándonos en una información que hemos sacado de un modo fraudulento, o retorcido, como, por ejemplo pirateando sus cuentas. En un mundo jurídico sería como llevar a juicio al acusado por medio de pruebas obtenidas de modo ilícito.

1984, la famosa obra de Orwell que ahora solo se recuerda por el programa de televisión, habla del mismo problema desde el punto de vista de la víctima. En ese futuro que hoy es pasado, Orwell imagina un estado opresivo que rueda con sus cámaras la intimidad de sus ciudadanos para luego someterlos aún más. La profecía de Orwell no se cumplió, pero quizá su propia obra fuera una vacuna contra semejante aberración. La repugnancia de su relato predispuso a occidente frente a tiranías de ese estilo.

Alguien podría decir que aquellas aberraciones que resultan inaceptables para nosotros, podrían ser más aceptables para los menores de edad. Pero no voy a ser yo el que defienda un mundo con dos morales...